
Ayer me fui al cine a ver de una puñetera vez Mar Adentro.
Hacía casi un mes que no iba al cine, 9 songs fue la película. Muy interesante por cierto, y nada de pornografica como algunos rancios críticos de cine querían hacer ver.
Pues bien, iba con muchas ganas a ver la última de Amenabar, y ya un poquillo escéptico con lo que presentaría el director. Y es que después de Tesis, en mi opinión su nivel fue bajando. Abre los ojos me parecio una película con una falsa intriga y una historia muy poco consistente igual que Los otros, que lo único que salvo la película fue la pedazo de actuación de Nicole Kidman que roza la perfección del papel. Mar Adentro, sin embargo me encantó. No por la historia. Predecible y sabida ya desde el principio, si no porque refleja a la perfección el papel de Ramón Sampedro. Su inteligencia, su sentido del humor, su capacidad de seducción,... (de todas formas la historia de amor con la abogada es ficticia, la de Rosa si es real, aunque su nombre en la realidad sea Ramona no Rosa). Otro aspecto a tener en cuenta es la recreación perfecta de sus familiares, sobre todo el abuelo y el hermano, aunque sin despreciar al sobrino y a la cuñada. Recreación perfectísima porque si no me equivoco son gallegos de pura cepa. Por otro lado y ya en un plano muy secundario, aparte de la magnífica actuación de Bardem, su forma de hablar el galego es de matrícula de honor. Muy muy logrado.
La película, un drama, tiene escenas muy simpáticas, como cuando el cura tetraplégico va a la casa de Sampedro para hacerle reconsiderar su postura. Respuestas brillantes, batalla dialéctica ganada por la razón y el sentido común de Sampedro contra el idealismo metafísico del cura.
En definitiva, una película para ver. Se agradece que Amenabar deje caer de esa manera tan soterrada el debate sobre la eutanasia, sin discursos grandilocuentes y panfletarios.
Para acabar, os recomiendo el libro de Sampedro. Cartas desde el infierno es uno de esos libros imprescindibles que llegan a donde tienen que llegar.
Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
Ramón Sampedro