
En 1977 espero ir al cielo / he estado demasiado tiempo en la cola del paro /
y no puedo trabajar / Peligro, extraño / no habrá Elvis, ni Beatles o Rolling Stones en 1977
[...] en 1977 estas en la nada / crees que esto no puede seguir /
los periódicos dicen que ha mejorado / pero no importa no estoy allí.
(1977 - The Clash -)
24 de diciembre 2004.
Cena de nochebuena.
Este día, esta cena produce en el que escribe un snobismo alimenticio total, un chovinismo gastronómico que no se produce el resto del año, y que no tiene nada que ver con el hecho de la reunión familiar, de la juntanza, cual última cena, de esos familiares que ayer mismo has visto y que vuelven a casa por navidad, como si hubiesen estado el resto del año en lugares extraños y lejanos con una expectación irreal.
Nunca me han gustado las cenas de Nochebuena, es más, las considero un coñazo. Un coñazo matizado el año pasado. Y es si tengo que agradecer a mi buen amigo Marc, que el año pasado me invitó a cenar a su casa por Nochebuena, no pude, hace un añito y un día tener la sensación de encontrarme en casa y familia ajena, a pesar de que tanto el buenazo del Marc como el resto de su familia, en especial su padre, hicieran lo posible para que no me sintiese en absoluto como un pingüino en el desierto del Gobi. Cosa conseguida en parte.
Pues bien, y yendo al tema en cuestión, tras la cena de Nochebuena, a base de esos exquisitos productos del atlántico, tras la posterior ingesta de alcohol, y tras la posterior comida de navidad el que escribe acabo hecho una mierda en sentido literal. Preguntenselo a mi bajo vientre.
Opto por lo tanto, a pesar de ser sábado, y de que se reclama mi presencia para continuar la ingesta de alcohol, vodka en mi caso, en quedarme en casita.
Pero ya se sabe lo que es un día de navidad. La televisión se descarta durante todo el día, al menos hasta la madrugada, donde sorprendentemente a la TVG se le da por emitir, en versión original, esa grandísima película que es Rebeca del inigualable Alfredito Hitchcock, así que hay que organizar la tarde. Opto por repasar el último número del Viejo Topo y más tarde comienzo a leer el Informe Lugano, que tenía por ahí tirado. Pero un día entero leyendo, gracias pero no, así que opto por coger el bajo de mi hermano, y ponerme a tocarlo hasta cansarme nuevamente.
Son las nueve de la noche, mi bajo vientre me da ordenes para acudir por enésima vez al retrete y Rebeca no comienza hasta dentro de cuatro horas y media.
Opto por la música. Entre los siete mil archivos de mp3 de mi flamante portartil y los discos de casa no tengo ni idea de lo que escuchar, esto es algo como la sobreinformación pero en versión musical.
Tras darle rienda suelta a mis instintos musicales primarios se me da por poner el álbum de Television Marquee Moon, y es cuando suenan los primeros acordes de la canción de mismo nombre, cuando se me da por buscar todo lo que tenga publicado en el año 1977 y ponerme a escucharlo tumbado en cama fumando un porro excelente y bebiéndome la media botella de vino que ha quedado de ayer.
1977 es un gran reserva. Una cosecha musical única, increiblemente atractiva tanto en calidad como en cantidad. Tiene un aroma excelente, nuevo, un cuerpo acorde con el mejor Rioja, y un sabor extremadamente atractivo. Así que me preparo para la borrachera musical por excelencia.
El Marquee Moon de los Television. El Leave Home de los Ramones. Por supuesto el Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols. El debut de los Clash con el disco del mismo nombre. El Young Loud & Snotty de los Dead Boys también cae, así como el Damned Damned Damned de los redundantes Damned claro,...
1977 el que escribe tiene menos dos años, todavía no es ni un proyecto de ser humano aún, pero bueno que leches, es un año que me ha influido musicalmente como si lo hubiese vivido, y es que una hora antes cuando tocaba el bajo, el que escribe se encontraba tocando, con más pena que gloria, el See no evil de los Television de Richard Hell. Para que luego me digan que los Oasis y los Blur son excelente. Criaturas.