
No le cuesta nada al que escribe admitir que hasta el momento estaba equivocado. Si, había errado y estaba francamente equivocado. No tiene ningún problema el autor en admitir que cada vez que alguien me nombraba la figura de Hugo Chávez, justo en el momento en pronunciar su nombre una mosca comenzaba a purular detrás de mi oreja. Las afirmaciones de que si el gobierno bolivariano venozolano era la nueva esperanza de cambio real, de alternativa a lo establecido provocaban en el dueño y señor de este humilde blog una duda razonable o no.
Verán, son muchos los años escuchando cantos de sirena, sobre si tal o cual persona, si tal o cual grupo político, sindical o social es el que va a establecer un nuevo año cero, desde el cual la ofensiva de los buscadores del nuevo mundo divisarán por fin las indias. Podría citar nombres de personas y organizaciones a decenas, desde Lula da Silva a Lucio Gutierrez, desde el MAS boliviano de Evo Morales a la guerrilla maoista nepalí, desde nuestra/vuestra Izquierda Unida al Foro Social en cualquiera de sus vertientes regional, nacional, estatal, continental o mundial. Todos los citados y citadas siempre han dejado un poso de insatisfacción o simplemente de traición como podría ser el citado Lucio Gutierrez en Ecuador, y/o en mayor o menor medida el presidente Lula, panacea del progresismo barato del "socialismo" hispano.
De todas formas todos los citados anteriormente, y como no puede ser de otra manera por eso son nombrados, estuvieron bajo la atenta mirada del que escribe, ellos y muchos más que ahora mismo no recuerdo. Pero el caso Hugo Chávez nunca había estado bajo mi consideración como para creer que pudiera suponer un cambio real de sociedad en Venezuela. Dígamos que Hugo Chávez, y el bolivarismo en general me parecia de lo más populista cuando no demagogo, de un lenguaje revolucionario pero sin efectos reales, un cambiarlo todo para dejarlo todo igual. Me había equivocado.
Si ya en abril del 2002, el 14 de abril, aniversario de nuestra querida II República, mis ojos se posaron de manera seria y serena, con analisis real y objetivo fue por el intento de golpe de estado de la oligarquia venezolana, apoyada por los gobiernos de George Bush y Jose María Aznar, ya ven yo no rectifico como Moratinos. Un golpe de estado a la vieja usanza, usando los sectores más reaccionarios del ejército, minoritarios, y con instrucciones precisas de las embajada estadounidense. Al estilo de los infinitos intentos golpistas latinoamericanos de los años 70 principalmente, calcados al de Pinochez en Chile en 1973 por poner un ejemplo, o al argentino de Videla y la junta por poner otro.
Pues bien, a partir de ahí y tras la progresiva deriva a la izquierda del gobierno Chávez, creo posible un cambio real, ahora si lo creo, y más aún tras el anuncio de Chávez en la clausura del Foro Social Mundial de Porto Alegre, de la próxima recuperación de más de tres millones de hectareas en poder de latifundistas para su inminente repartición entre los desheredados, los parias venezolanos, la clase obrera, esa clase existente a pesar de los sucesisvos fines de la historia pregonizados por los algoreros de la derecha neoliberal. Tres millones de hectáreas, imaginen la superficie que puede ser eso, porque yo no acierto a imaginarlo todavía. Una reforma agraria en toda regla, una recuperación del viejo, que no desfasado lema, "la tierra para el que la trabaja", un ejemplo de por donde van las cosas en este precioso país sudamericano. Un ejemplo de que las cosas pueden hacerse si hay voluntad real para ello, un ejemplo para los Lula que alargan la aplicación de una reforma agraria prometida hasta la saciedad en Brasil, pero sin un plan concreto para ello, dónde por cierto el Movemento dos Sim Terra brasileños han manifestado que su paciencia se ha acabado, y que las ocupaciones de latifundios comenzarán de nuevo con el apoyo o lo que es más probable sin él del gobierno brasileño, el gobierno de la desilusión.
No me extenderé más, sólo decir, que se diga lo que se diga, se hable de lo que se hable, el modelo venezolano se me antoja cada vez más parecido a un modelo socialista, marxista o como lo quieran ustedes llamar. Esta vez si parece que la esperanza vence al miedo, no como en Brasil.