
No soy muy dado a escribir sobre fútbol, es cierto. Repasen ustedes todo lo publicado en este humilde blog, y verán que sólo en un caso el que escribe ha mencionado el deporte del balompie, y más que nada como una especie de estudio sociológico en primera persona.
Pero miren, hoy si voy a escribir algo sobre ese tema. Más bien me dedicaré a regocijarme ante el lamentable espectáculo dado por el equipo galáctico, por ese equipo que estaba destinado a ser una leyenda, un conquistador de bárbaros, un ganador absoluto de lo habido y por haber.
Verán, mi pasión por el fútbol adquirio una linea desecendente a partir de los quince años, llegando al punto en el que me encuentro hoy en día. Dos o tres partidos al año vistos con atención y punto. Pero el ver el miserable espectáculo dado por ese equipo imperial me ha llevado a ver sus eliminaciones en la liga de champiñones y alguna que otra cosilla más, como la acaecida el otro día ante su vecino pequeñísimo, el Getafe. Y es que en lo que a liga de champiñones al ajillo se refiere, vaya diferencia en la forma para el mismo fin. Es decir, un F.C. Barcelona eliminado con honra, con buen juego, con valor, con alma. Un equipo que no se fue abajo y el fin de semana siguiente cumplio machacando al Bilbao en el Camp Nou. Todo lo contrario ocurre con un Madrid, ramplón, vergonzoso, paupérrimo, más parecido a un agujero negro que a una galaxia.
Y es que queridos lectores y lectoras. La astronomía se puede aplicar al fútbol. Verán, hablando de ordenación galáctica el simil es posible. Una galaxia tiene una estrella, plantes, satélites. Tomemos la vía lactea. Ahí esta la estrella, el sol, y sus planetas, con sus satélites correspondientes. Un equilibrio perfecto oigan. Pues hagamos el simil con el Barça por ejemplo. Ahí está la estrella. Ronaldinho, y los planetas correspondientes. Etoo, Giully, Marquez, Xavi,... pero planetas al fin y al cabo, conscientes de su función. Todo lo contrario que el Madrid. Rodeado de estrellas, estrellas que se estorban, que pugnan en brillar más que la otra, con un resultado de desgaste continuo y permanente ante el esfuerzo de brillar más. Una constelación de estrellas que se apagan y que tienen como destino transformarse en Novas y Super Novas, destinadas a explotar y hacer volar su galaxia correspondiente. Ese es es destino del Madrid. Y es que señores y señoritas, la astronomía es perfectamente aplicable al fútbol.
Por cierto, prometo no hablar en mucho tiempo de este deporte. Un saludo