
El siglo XX, ha estado repleto de actores políticos tremendamente interesantes por sus acciones, hechos, caminos trazados e influencia histórica sobre todo en el ámbito de la izquierda real. Personas o grupos que suscitan una curiosidad inusual en otros personajes políticos a pesar de tener cierto protagonismo en un determinado contexto o tiempo. Ahí tenemos a los Guevara, Mao, Lenin por poner un ejemplo de personas físicas o a entidades como el Frente Popular, el PCE o cualquier PC, los diversos grupos guerrilleros como el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, o el Frente Sandinista. Todos ellos, archiconocidos sobre los que año si año también, alguna editorial, en el 90% de los casos contrarias a sus planteamientos políticos, nos sorprende con un nuevo libro, ensayo, o reportaje sobre los mismos. Pero además de esta muestra, otras personas quizás no tan conocidas, desempeñaron labores increibles e inimaginables, que superan a cualquier novela de ficción. Markus Wolf, que murio el día de ayer, fue uno de ellos. Wolf que fue uno de los dirigentes de la Stasi, y cuando digo Stasi, rianse ustedes de la CIA o el Mosad, desempeñó en su papel como responsable de la creación del servicio de inteligencia en el extranjero hazañas imperecederas en el espionaje de la Guerra Fría, y que harían quedar a James Bond como un agente de protección civil. Durante su jefatura en el departamento, Wolf infiltró a decenas, quizás centenas de espias en territorio de la RFA. Uno de ellos, Gunther Guillaume, entró en la RFA en el 56 como refugiado político junto a su mujer, también espía. Guillaume en realidad oficial de la Stasi, pronto tomó contacto y se afilió al Partido Socialdemócrata, situándose en el ala derecha del mismo. Durante años fue escalando peldaños en el partido, siendo secretario personal de Willy Brandt, que a la postre acabaría siendo presidente de la Alemania Ocidental, facilitando Guillaume hasta el 74 año en que se descrubrió la infiltración, informes a la RDA, y que acabarían propiciando la caída de Wrandt de la cancillería alemana, en lo que es uno de los episodios más sorprendentes del espionaje mundial. Además Wolf, también maquinó la idea de crear a los famosos Agentes Romeo. Los Agentes Romeo, eran unos jovenes atractivos, inteligentes y cultos agentes de la Stasi, que tenían como objetivo seducir a las solitarias secretarias de altos cargos alemanes con el fin de que consicente o inconscientemente acabaran por pasarle informes de sus superiores, peces gordos de la política y economía alemana que iban a parar directamente a las manos Wolf, el espia sin rostro, el apodo que le habían puesto ya que hasta los 80 ningun país occidental poseía ninguna imagen de él, teniendo por lo tanto el gobierno oriental información de primera mano de los tejemanejes de la RFA. Wolf se jubiló en el 86, y trás instalarse en la URSS, una vez vuelve a Berlín tras la caida de la Unión Soviética se entrega a las autoridades alemanas, pero jamás será encarcelado. A partir de aquí publicará un libro de memorias y pasará una tranquila vejez hasta su muerte en el día de ayer. Acaba así la historia de una de las personas más apasionantes de la política alemana y de la historia.
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