Julio Anguita González / sep 07
La izquierda que quiere seguir siéndolo y que todavía no ha hecho de su identidad una cuestión de siglas, ritos, consignas, memorias o resistencias numantinas ante aspectos muy secundarios del Capitalismo, vive una situación que a modo de péndulo, oscila entre la expectativa mesiánica y el casi existencial desánimo pesimista.
Comprueba cada día que el masivo éxodo desde sus originarias organizaciones políticas, sindicales y culturales hacia las tierras de la Casa Común no ha sido otra cosa que el acomodo personal y la instalación en un mundo donde el glamour ha sustituido al rigor, el fetiche electoralista al discurso y el "ars embaucandi" al socialismo. Y si hubo alguien que hizo la mudanza creyendo que el nuevo hospedaje era "lo más realista" o "lo posible en ese momento" ha podido comprobar -en España y fuera de ella- como los hijos de Keynes, tras su purificación en Bad Godesberg, son la cariátide izquierda que sostiene el edificio construido por Milton Friedman.
En el PCE, en IU y en el entorno común de ambos vuelve a aletear la clásica pregunta ¿qué hacer? Pero después de formularla la mirada se torna errabunda en búsqueda de la persona o grupo que nos traiga la solución o, al menos, el consuelo.
En otros casos reproducimos la añoranza que sintió el pueblo de Israel cuando en la larga marcha del desierto recordaba las ollas dejadas en Egipto. La reflexión sobre las vicisitudes por las que está pasando la elaboración del Manifiesto- Programa es la más aleccionadora de las experiencias Y es que la pregunta necesaria hoy debe formularse mediante una personal, colectiva y comprometida respuesta a ¿ qué hacemos?
Hemos utilizado y seguimos haciéndolo, enunciados tales como refundar, reconstruir, adecuar o renovar el PCE, IU o la izquierda en general y con ello hemos caído en el error de creer que el problema estriba en cambiar total o parcialmente- incluso sustituir a palo seco- el instrumento llamado Partido. Por eso las discusiones, la casuística, los vericuetos por los que transcurren proyectos personales ocupan-siempre- la centralidad del debate y con ello el arribo al mar negro de la esterilidad.
En reiteradas ocasiones he planteado que el reto de nuestros días consiste en contestar a la siguiente cuestión: ¿cómo escribirían, en la actualidad, Marx y Engels el Manifiesto Comunista? Y es que hoy como ayer, se impone conocer la entidad, la estructura, los mecanismos de funcionamiento, los consensos y la hegemonía de los valores que el Capitalismo representa. Se puede posicionarse políticamente contra el sistema pero a continuación se asumen en la práctica sus valores consumistas y derrochadores de recursos. Se hace del concepto solidaridad bandera de movilización pero cuando los intereses "nacionales" se hallan supuesta o realmente en cuestión se pone sordina al principio defendido. Hay un cuestionamiento teórico del concepto de Democracia que el Capitalismo representa pero se sostiene en los hechos con una práctica normalizada y "políticamente correcta". Puede afirmarse sin exageración alguna que el funcionamiento de las fuerzas políticas de la izquierda gira casi exclusivamente en torno a los momentos electorales. La izquierda en Europa ya no fija la agenda ni tampoco hace el orden del día.
Cualquier intento medianamente serio de que la izquierda en la que militamos se reinstale consecuentemente frente al Capitalismo en la dialéctica confrontación- construcción alternativa-superación debe partir, a mi juicio, de una serie de asunciones consecuentes:
1ª. El Manifiesto Comunista es -todavía- el referente filosófico, teórico, político e ideológico común en el que nos reconocemos. Su actualización, adecuación y desarrollo cara al siglo XXI es una tarea prioritaria siempre y cuando no se circunscriba a un debate académico sino que se enmarque en las luchas y actividades que potencian el grado de conciencia colectiva.
2ª. La toma del Palacio de Invierno y la revolución rusa de 1917 son irrepetibles hoy en día. En consecuencia nuestra deuda con su herencia se inscribe en el reconocimiento de aquél hecho como origen político y organizativo de nuestra identidad. Lenin y demás gigantes de aquella hora constituyen referencias históricas que han aportado análisis, experiencias y contribuciones específicas que deben ser referencias para el hoy si ello no conlleva la edición de catecismo alguno.
3ª. La construcción de la Alternativa al Capitalismo es básicamente la creación de una nueva civilización; otra cosmovisión radicalmente opuesta como consecuencia de los valores nuevos que la estructuran.
4ª. Desde nuestra opción, la Política es la acción colectiva, organizada y democrática conducente a la nueva sociedad mundial anteriormente citada. Esto supone la aceptación y puesta en funcionamiento de una praxis que actúe en torno a los siguientes ejes:
1º) La contradicción fundamental sobre la que se debe actuar prioritariamente sigue siendo la de Capital-Trabajo. En torno a ella deben girar las otras contradicciones: gobernantes-gobernados, machismo-feminismo, crecimiento-desarrollo, consumismo-calidad de vida, instituciones- democracia radical, etc
2º) El objetivo que debe servir de referente para una etapa intermedia debe ser la consecución en la práctica y para los 6.300 millones de habitantes de planeta, de las tres generaciones de Derechos Humanos: los de la solemne Declaración de la ONU en 1948 y la de los Derechos medioambientales. El proceso que conlleva la culminación de esta meta contiene las evidencias de que la fase del gran cambio es una necesidad insoslayable.
3º) Asumamos que la clase obrera ya no es el sujeto único ni tampoco el más concienciado y organizado en la actualidad para ser el núcleo que vertebre el tránsito a la Alternativa. Hoy en día el sujeto es plural y está compuesto por el creciente y múltiple conjunto de explotados, dominados, marginados, excluidos y lúcidos adelantados del mañana que se han exiliado de esta sociedad pero que desean participar en la nueva construcción. La izquierda, por serlo es tan representativa del movimiento obrero como cualquier sindicato de clase; es más, forma parte del mismo.
4º) La formación político-social o formaciones varias que compongan el conjunto del cambio revolucionario no pueden tener una única y exclusiva relación o referencia sindical. Las propuestas, proyectos y movilizaciones concretas son la única argamasa que cohesiona y da solidez a las alianzas y a la política de alianzas. Nuestra tarea como comunistas organizados (pero organizados ad hoc) es fundamentalmente ponerse al servicio de este proyecto.
5ª. Concebir, organizar con otros y desarrollar constantemente un proyecto transformador (es decir revolucionario) es la única manera de sentirnos cohesionados, militantes y útiles. Pero dejemos claro que nuestra práctica debe ser ejemplo y muestra de la sociedad a la que aspiramos.
6ª. La militancia en el PCE es voluntaria y supone incorporarse a un proyecto colectivo tanto para participarlo, aplicarlo o cambiarlo mediante la actividad democrática consecuente. De no ser así la afiliación no es otra cosa que potenciar la disgregación.
7ª. La Democracia radical no es algo a demandar a las instituciones sino una exigencia inherente a nuestra entidad. Y en consecuencia:
- El respeto a la minoría es exigible a las posiciones mayoritarias pero en la misma medida en que la minoría asume que la mayoría dirige el proyecto y lo representa.
- El respeto a la legalidad democrática que pedimos para la sociedad nos obliga al más respetuoso de los acatamientos de nuestro sistema estatutario. La sectaria distinción entre Democracia burguesa y Democracia obrera no es otra cosa que una patente de corso para conculcar sistemáticamente el orden democrático.
- La Ética que exigimos para guiar la conducta de una sociedad justa, democrática y solidaria es inherente al funcionamiento personal y colectivo de la organización. Debemos ser honestos personal y colectivamente.
- El trabajo en las instituciones es un aspecto más de la actividad política global. Llegamos a ellas para administrarlas de otra manera y también para cambiarlas y hacerlas participadas, abiertas y desprovistas de misterio. No tiene otro sentido la participación ciudadana.
- Nuestro lugar preferente de trabajo (y el de la izquierda en general) es la sociedad, sus conflictos, contradicciones y luchas.
- Abrirse a la sociedad no es en absoluto plegarse o acomodarse a los gustos, inclinaciones y aspiraciones que cultivan el despilfarro, el individualismo o la insolidaridad. Abrirse es acercarse para concienciar y transformar las relaciones sociales y sus valores dominantes en otros alternativos.
Abordar las transformaciones y cambios que el PCE necesita (y el mal llamado movimiento comunista) es crear un ámbito plural y amplio de izquierda. Esa función facilitará una dinámica y una reestructuración organizativa y funcional que cambie conductas y facilite el desarrollo pleno de la Democracia en base a la plenitud de derechos y deberes. ¿Qué nos convoca a cada uno y a cada una?
Now I´m reading to: Norman Mailer - El evangelio según el hijo
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/